carrera-solidaria-2019-1.jpgEl día 28 de marzo se celebró la I Carrera solidaria del Colegio Sagrado Corazón Vedruna, a beneficio de De Neu. Asociación de Enfermedades de los Neurotransmisores. Cada vez que pensamos en ella no podemos quitarnos la sonrisa de la cara.

Nos gustaría poder transmitiros todo lo que vivimos esa tarde, pero es difícil hacerlo con palabras, incluso si nos apoyamos en alguna imagen.

Empezamos desde el principio:

Desde el Departamento de Educación Física surge la idea de hacer una carrera solidaria a beneficio de De Neu. Presentan la idea al equipo directivo, que enseguida la acoge con ilusión, y se ponen manos a la obra.

Cuando ya tienen más o menos claro cómo transcurrirá el evento, se ponen en contacto con nosotros, para ver si nos parece bien. ¡Y claro, nosotros encantados! Nos parece una idea maravillosa.

Nos cuentan que será una carrera para la comunidad educativa, en la que participarán todos los niños del colegio. Aquellas familias que quieran harán una aportación voluntaria de un euro por alumno, sin que esto condicione su participación. Los adultos que deseen participar, también podrán hacer una aportación voluntaria de tres euros. No nos puede gustar más la idea: una carrera solidaria, inclusiva, no competitiva, y destinada a una tarde de convivencia entre alumnos, padres, equipo docente y personal de administración y servicios.

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Esta carrera perseguía varios fines: por un lado, dar visibilidad a la asociación y a las patologías que representa; por otro, recaudar dinero para la investigación de las enfermedades de los neurotransmisores. Estos dos objetivos se cumplieron, lo que supone mucho para una asociación pequeñita como De Neu.

Entre los dorsales de los niños, los profes, el PAS, los padres y el mercadillo que se realizó durante tres días, se recaudaron 1.011,62 euros, una cantidad muy importante, que invertiremos en investigación. A pesar de la buena noticia que esta aportación supone, tenemos que decir que lo mejor de la tarde fue el ambiente, las sonrisas, el compañerismo, la ilusión, el cariño… Y con esto, se cumplía el tercer fin, la educación en valores.

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Los chicos de cuarto de la ESO acompañaron en su recorrido a los de primero de infantil. Era muy tierno ver a los más grandes del cole, llevando a los más peques. A algunos los llevaban casi en volandas. La verdad es que no sabemos qué sonrisas eran más grandes: si las de los mayores o las de los más pequeños. Tercero de la ESO acompañaba a segundo de infantil, segundo de la ESO a tercero de infantil y primero de la ESO a primero y segundo de primaria .

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Actualmente en primero de la ESO está Irene: una niña con una de las enfermedades de los neurotransmisores. Ella acompañaba a una niña de primero de primaria, pero, en realidad, no se sabía quien acompañaba a quien. El caso es que a mí, viendo la carrera, me daba pena que la niña fuera a llegar la última de la clase… ¡Y con tanta diferencia! Pero las dos llegaron encantadas a la meta: las últimas, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Estas son las cosas que merece la pena aprender. Así enseñan en este colegio, al que no podemos estar más agradecidos.

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La carrera continuó por etapas. A partir de segundo de primaria casi todos los alumnos corrían solos. Otros lo hacían acompañados (hay bastantes alumnos de educación especial en el colegio que, por supuesto, participaban como los demás). En los casos en los que lo necesitaban, corrían junto a maestras, profesores, o ayudados y acompañados por sus propios compañeros. 

Todos llegaban a la meta felices. No hubo ganadores ni perdedores: todos, absolutamente todos, ganamos mucho esa tarde.

De verdad, fue una tarde muy especial. Se respiraba cariño, compañerismo, alegría…

Irene, la niña que padece una de las enfermedades por las que se organizaba la carrera, con su dorsal número 1 (que tiene colgado en su casa y que ha enseñado, contenta, a todo el mundo) cruzó la meta, mucho después que sus compañeros. Había dado sólo una vuelta pero estaba feliz, con sus amigos esperándola en la meta, mostrándole todo el cariño que le tienen. No fue la única que tuvo esa acogida, se dieron más casos. Aún me emociono cuando recuerdo esas imágenes. El Sagrado Corazón Vedruna de Valencia es un colegio muy especial en el que enseñan con el corazón. Ese aprendizaje se nota en los corazones de los alumnos, en pequeños gestos, que los hacen muy grandes, y que suponen un enorme apoyo y empuje para los niños que lo necesitan.

Gracias a todos los que participasteis de una manera u otra, porque conseguisteis que ese día el sol brillara un poquito más.

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